—Acepto —dijo—.
Pero no como un contrato. Si soy tu esposa, aunque sea brevemente, quiero que sea algo real.
La esperanza —peligrosa, frágil— parpadeó en su pecho.
—Acepto —dijo—.
Pero no como un contrato. Si soy tu esposa, aunque sea brevemente, quiero que sea algo real.
La esperanza —peligrosa, frágil— parpadeó en su pecho.