—Así es —dijo—. No hay tratamiento. Solo queda el tiempo.
Lloró abiertamente, profundamente.
Entonces habló rápidamente, antes de que el valor lo abandonara.
"Cásate conmigo."
Lucía se quedó mirándolo fijamente, como si hubiera hablado otro idioma.
—No pido amor —continuó—. Solo compañía. Tengo tierras, esta finca… no tengo hijos. Cuando muera, pasará a un sobrino que la venderá en cuestión de días. Si te casas conmigo, será tuya. Seguridad. Un futuro.
Tragó saliva con dificultad.
—¿Y tú? —preguntó—. ¿Qué ganas con eso?
Bajó la mirada, avergonzado de su necesidad.
“Que alguien me tome de la mano al final.”
Lucía se puso de pie, temblando.
"Necesito tiempo".
—No tengo mucho —dijo en voz baja.
Tres días después, regresó con la mirada fija.
