Vendió su casa para que su nieto estudiara ingeniería y él se avergonzó de ella el día de su graduación

El regreso de Mateo
Mateo lo vio todo desde lejos. Sintió vergüenza, y por primera vez entendió lo que había hecho. Esa noche rechazó una oferta de trabajo en una empresa de lujo. Semanas después volvió al pueblo y se arrodilló frente a su abuela, en la pieza de la única ventana.

—Perdóname, abuela. Me olvidé de quién era.

Ella le acarició la cabeza como cuando era niño. Con los años, Mateo dirigió el proyecto que llevó agua potable a todos los barrios del pueblo y compró de vuelta la casa del limonero. La primera mesa que puso allí fue para ella.

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