Miró a su alrededor en la caravana: el papel pintado despegado, los avisos de pago atrasados, el cubo de plástico que usaba cuando se congelaban las tuberías, y otro tipo de frío se apoderó de ella.
Cuando llegaran, lo verían todo.
No tenía teléfono. No tenía ninguna explicación preparada. No tenía credibilidad después del arresto de su hijo años atrás en esa misma puerta.
Ella acarició el pelaje de Titán.
—Esta noche estás a salvo —susurró ella.
Se quedó dormida entre ellos, sin saber que la tormenta amainaría antes del amanecer.
Sin saber que la señal había desencadenado la mayor movilización de perros de rescate en la historia del condado.
Capítulo tres
Unas luces azules intermitentes la despertaron.
Titán se puso de pie al instante, un gruñido sordo resonando en su interior.
Evelyn se arrastró hasta la ventana.
El campo que había detrás de su caravana estaba lleno.
Cruceros. Unidades tácticas. Escudos en alto. Fusiles apuntando.
Un megáfono crepitó.
“OCUPANTE DE LA RESIDENCIA. SALGA INMEDIATAMENTE.”
Creían que ella los había robado.
