Sus compañeros de trabajo organizaron una vigilia frente al hospital donde trabajaba. Vestían su color favorito. Compartieron anécdotas sobre su bondad: cómo se quedaba hasta tarde para tomar la mano de un paciente, cómo siempre recordaba los cumpleaños, cómo hacía que los peores días fueran más llevaderos.
Sus amigas se reunieron en la cafetería donde solían verse todos los domingos. Rieron entre lágrimas, recordando aquella vez que intentó hornear un pastel y activó la alarma de incendios. Aquella vez que se perdió en un viaje por carretera y se negó a pedir indicaciones. Aquella vez que apareció a las dos de la madrugada con helado y un corazón dispuesto a escuchar.
Su familia expresó su dolor con frases breves y entrecortadas. “Ella era nuestra luz”, dijo su madre. “No sé cómo vamos a seguir adelante sin ella”.
En busca de justicia (El largo camino por delante)
Mientras la investigación continúa, la comunidad exige respuestas.
