Margaret recuperó la voz antes que su hijo.
—¿Es de Julian?
La mirada.
—Buenos días a ti también.
Julián dio un paso hacia mí kara.
—Mamá, déjanos hablar.
Casi me reí.
Dos años de matrimonio y había tenido que aparecer una ecografía para que aprendiera aquella frase.
Margaret levantó la mano.
—Déjame ver las fechas.
Retrocedí.
—Es mi información médica.
—Si llevas a mi nieto…
—Estoy saliendo de una consulta. No voy a discutir contigo en un pasillo.
Julian miró a su madre.
—Te espero abajo.
Ella abrió la boca.
Él no apartó los ojos.
Y Margaret, sorprendida por aquella pequeña resistencia, terminó marchándose.
Julian esperó hasta que las puertas del ascensor se cerraron.
—¿Podemos sentarnos?
—Cinco minutos.
Encontramos un banco junto a una ventana.
Él apoyó los codos en las rodillas.
Ya no parecía el abogado que había repartido nuestros ahorros como si estuviera explicando una factura.
