Emily
—Emily nació a las 2:11 a. m.
Mi corazón golpeó contra mis costillas.
—¿Cómo sabes eso?
—Porque yo nací siete minutos después.
—¿Mamá?
—No.
Pero esta vez, esa palabra no era para Audra.
Era para el recuerdo que estaba regresando.
Yo tenía 19 años entonces.
Sangre.
Gente gritando.
Una enfermera junto a mi rostro.
Luego nada.
Cuando desperté, mi madre ya estaba allí.
Le pregunté por su hermana.
Me dijo que no había sobrevivido.
Estaba asustada, medicada y completamente agotada.
Así que le creí.
Audra volvió a hablar.
—¿Qué cita?
—La oficina de registros del condado. A las diez. Hay unos registros que quiero que tú y Emily vean.
El rostro de Emily se endureció.
—Podrías haber llamado.
—Lo hice.
—Llevo tres meses enviándote mensajes.
Emily se quedó en silencio.
Entonces lo recordó.
Alguien la había llamado repetidamente, diciendo que eran familiares.
Bloqueó la cuenta.
—Lo sé.
—¿Así que tú hiciste esto?
Audra guardó silencio.
—Encontré a Naomi después de que me bloquearas.
Sentí que se me helaba la sangre.
—Me dijo que me alejara de ti.
—¿Cuándo?
—Hace seis semanas.
—¿Qué dijo exactamente?
Audra vaciló.
Llamé a Naomi antes de que Audra pudiera terminar.
Nadie respondió.
Otra vez.
Buzón de voz.
