én se queda, quién cumple sus promesas y quién les hace sentir seguros.
La independencia es importante, pero la verdadera fortaleza también implica saber cuándo aceptar ayuda sin permitir que las decepciones del pasado te convenzan de que toda persona generosa debe tener un motivo oculto.
Las relaciones sanas no se basan en promesas de que nunca habrá conflictos. Se basan en la tranquila certeza de que, cuando lleguen los momentos difíciles, ninguna de las dos personas utilizará el abandono como arma.
Los sueños no desaparecen automáticamente cuando la vida se complica. A veces, la persona que cree en el futuro que abandonamos nos ayuda a encontrar el valor para retomarlo años después.
No podemos cambiar la historia de las personas que nos dejaron, los años de lucha ni las decepciones que nos moldearon.
Pero podemos negarnos a que decidan en quién confiamos, cuán profundamente amamos o cómo termina el resto de nuestra historia.
