La pareja: una fuente inagotable de humor cotidiano

Cómo hacerla aparecer en segundos

—¿Y hablás con otras mujeres aun teniendo pareja?
—Sí, tengo una compañera… pero nunca sé exactamente dónde está. Por experiencia propia, descubrí que apenas empiezo a conversar con alguien interesante, en menos de diez segundos aparece de la nada.

Una manera ingeniosa de recordar que, en una pareja, los celos funcionan a veces como un verdadero sistema de radar.

Una nueva propuesta para el fin de semana

Un viernes por la noche, un esposo pasa a buscar a su mujer al salir del trabajo. Durante el trayecto, le propone con entusiasmo:

—¿Y si este fin de semana hacemos algo diferente?

La respuesta práctica y filosa de la esposa

Ella le contesta sin dudarlo:

—¡Excelente idea! Mientras el peque duerme en su habitación, vos podés quedarte en la cocina… y yo aprovecho para descansar un rato en el sofá.

¿Casualidad? Difícil creerlo, pero ya se puede imaginar la maleta lista… repleta de novelas románticas.

El sorteo… en la punta del dardo

Dos amigos charlan animadamente:

—Mi esposa insistía en que nuestras próximas vacaciones fueran realmente originales. Entonces se me ocurrió una idea: le tapé los ojos y le pedí que arrojara un dardo a un gran mapamundi. ¡A donde cayera, ese sería nuestro destino!

Cuando el azar lo decide todo

—¡Genial! ¿Y adónde van entonces?
—Bueno… el dardo cayó justo encima de la biblioteca del barrio. Resultado: en agosto vamos a pasar dos semanas en plena aventura literaria.

La falsa avería… y la sorpresa real

Sentado en el sofá mirando un partido de fútbol, el marido escucha que su esposa lo llama:

—Amor, creo que tu auto tiene un problemita… no quiere arrancar.
—¿Cómo que no funciona? ¿Qué pasó?
—Creo que le entró agua al carburador…

Una experta en mecánica… casi

—¿Desde cuándo sabés vos dónde queda el carburador? Esto no es ninguna broma, ¿dónde está el auto?
—Eh… dentro de la piscina.

La gran pregunta sobre el futuro

Una pareja conversa tranquilamente sobre lo que les depara el porvenir.

Él: «Decime una cosa: si algún día yo ya no estuviera para molestarte, ¿seguirías adelante con tu vida?»
Ella: «Creo que no. Lo más probable es que me fuera a vivir con mi hermana.»

Una respuesta estratégicamente pensada

Ella: «¿Y vos, qué harías?»
Él: «Lo mismo que vos… ¡también me iría a vivir a la casa de tu hermana!»

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