Quizás estaba siendo víctima de acoso escolar.
Quizás tenía demasiado miedo para contárselo a alguien.
Pero Mariella no estaba convencida.
“Creo que lo está regalando”, dijo ella.
La idea me dejó atónito.
Esa tarde recogí a Noah de su entrenamiento de béisbol.
Lo observé desde el estacionamiento antes de que él me notara.
Otro padre repartió pretzels y zumos envasados. Noah aceptó su merienda con gratitud y la comió muy despacio, como si cada bocado importara.
Me dolía el corazón.
De camino a casa, finalmente le pregunté.
“Cariño, ¿alguien te ha estado robando el almuerzo?”
Su rostro palideció al instante.
"No."
“¿Y qué pasó con él?”
Parte 2
Se quedó mirando sus zapatos y retorció la correa de su mochila.
Detuve el coche a un lado de la carretera.
—No estás en problemas —le dije en voz baja—. Solo necesito saber la verdad.
Tras un largo silencio, las lágrimas se acumularon en sus ojos.
—¿Se meterá Eli en problemas? —susurró.
“¿Quién es Eli?”
"Mi amigo."
Y entonces todo salió a la luz.
