
El verdadero problema no son los objetos en sí, sino el miedo que generan.
Y ese miedo puede llevar a tomar decisiones dolorosas: deshacerse de objetos valiosos, evitar ciertas partes de la propia casa o vivir con una inquietud constante.
Una historia que cambia la perspectiva
Una anciana perdió a su marido, que falleció plácidamente en el sofá de su casa.
Después de ese día, cerró la sala con llave y se negó a entrar. Durante meses, durmió en la cocina, convencida de que el lugar estaba de alguna manera "marcado".
Le habían dicho que regresar allí le traería problemas.
