Detente un momento y mira a tu alrededor. Es probable que aún conserves objetos que pertenecieron a alguien que ya no está: una prenda de ropa, un reloj, su taza favorita o incluso la cama donde pasó sus últimos días.
Para muchas personas, esto genera un temor silencioso:
"¿Y si tocar estas cosas es malo?"
"¿Y si dormir allí es peligroso?"
Estas creencias se han transmitido durante años como si fueran hechos. Pero, en realidad, gran parte de ellas son simplemente supersticiones.
Existe otra forma de verlo: una más tranquila, más compasiva y, en última instancia, liberadora.
