El movimiento que no encajaba
Adrian observó cómo Lillian alzaba la copa hacia Mira con una sonrisa ensayada.
—Adelante, cariño —dijo—. Te ayudará.
Mira dudó.
Apretó los dedos contra el reposabrazos y miró brevemente a Adrian antes de volver a bajar la vista, como si el simple hecho de mirar ya le hubiera costado algo.
—¿Qué hay ahí dentro? —preguntó Adrián.
