—Ellos creyeron que habían ganado —respondí mirando las flores.
—No ganaron.
No hubo reconciliación. No hubo disculpa. No hubo un gran discurso que cerrara la historia. Solo tierra bajo mis uñas y tulipanes que florecieron nuevamente cuando volvió la primavera.
No recuperé a mi madre, pero tampoco permití que enterraran la verdad junto con ella. Ellos se quedaron con las fotos de la boda, con el anillo y con las mentiras. Yo me quedé con los vestidos de mi madre, con sus recetas y con todo lo que ella me dejó y que jamás podrían quitarme.
Y, por primera vez desde el funeral, ya no me consumía la rabia. Simplemente había cerrado ese capítulo.
