Cuando Charli y Cullen decidieron convertirse en padres, ambos sabían que el camino hacia la formación de una familia podía presentar desafíos diferentes a los de otras parejas. Los dos viven con formas de displasia esquelética, condiciones que influyen en el crecimiento y desarrollo de los huesos y que pueden estar relacionadas con una estatura considerablemente menor al promedio.
Antes de tener hijos, la pareja recibió información médica acerca de los posibles escenarios relacionados con sus respectivas condiciones. La principal preocupación no estaba vinculada únicamente con la estatura que podrían tener sus futuros hijos, sino con los factores genéticos que intervienen cuando dos personas con determinadas alteraciones hereditarias del desarrollo óseo deciden tener descendencia.
