Un vaquero solitario soñaba con una gran familia, y entonces siete niños abandonados le rogaron: "Por favor... cásate con nuestra madre".

—He venido por lo que es mío —declaró—. La ley de sangre ata más que la plata.

Angelina contuvo la respiración.

Jonás dio un paso al frente.

“No te pertenecen.”

Los agentes de la ley parecían inquietos.

“La mujer debe elegir”, dijo uno.

El pulso de Angelina latía con fuerza. Miró a sus hijos. A la postura firme de Jonas.

Ella dio un paso al frente y deslizó su mano en la de él.

“No soy una propiedad”, dijo con claridad. “Yo elijo dónde vivir. Y elijo este lugar”.

El patio quedó en silencio.

Virgilio maldijo. Netti chilló. Pero los agentes de la ley asintieron.

“Ella se queda por voluntad propia.”

Virgilio se retiró, derrotado.