¿Recordaría haber tenido miedo?
¿O recordaría que cuando pidió ayuda, alguien acudió?
Porque a veces los momentos más importantes en la vida de un niño no son los discursos que pronuncian los adultos después.
Son acciones que ocurren antes de que nadie tenga tiempo de explicarlas.
Una llamada telefónica fue contestada.
Un coche dio la vuelta.
Un hermano que se mudó antes de tener todas las respuestas.
Un padre que se negó a esperar.
Y un miembro de la familia que se acercó a la puerta porque un niño lo necesitaba al otro lado.
