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Una rutina que suscitó interrogantes
Durante años, Margaret y su esposo Robert compartieron una vida basada en la confianza, la compañía y la rutina. Por eso, cuando Robert de repente empezó a despertarse todas las mañanas exactamente a las 4 de la madrugada y a encerrarse en el baño, Margaret no pudo evitar darse cuenta.
Al principio, ella lo consideró una simple costumbre inofensiva. Todos desarrollamos pequeñas rutinas con la edad. Pero con el paso de las semanas, el comportamiento persistió sin explicación. Robert salía sigilosamente de su habitación antes del amanecer, desaparecía en el baño, cerraba la puerta con llave y permanecía allí casi una hora.
Cada vez que Margaret le preguntaba qué estaba haciendo, él daba respuestas vagas.
“Solo estoy solucionando algunos detalles”, solía decir.
Su reticencia a dar explicaciones no hizo sino aumentar sus preocupaciones. Se preguntaba si estaría ocultando algún problema médico, lidiando con algún problema emocional o guardando un secreto que no estaba preparado para compartir.
A medida que el misterio continuaba, Margaret se sentía cada vez más ansiosa. El hombre con el que había compartido décadas de vida de repente parecía distante, y temía que algo grave estuviera sucediendo.
