Una última reflexión sincera
Antes odiaba despertarme a las 3 de la mañana. Me sentía como un fracaso, como si ni siquiera pudiera dormir bien. Me quedaba allí tumbada, frustrada, contando las horas que faltaban para que sonara la alarma.
Entonces aprendí a cambiar mi perspectiva. Empecé a ver esos momentos de vigilia como invitaciones. Invitaciones a reflexionar. A liberar. A conectar con algo más profundo que la rutina diaria.
Ahora, cuando me despierto a las 3 de la mañana, no lucho contra ello. Me pregunto: ¿Qué necesito saber? ¿Qué necesito dejar ir? ¿Qué está tratando de manifestarse?
A veces la respuesta es nada. A veces es simplemente biología.
Pero a veces, o más bien a menudo, hay un mensaje esperando.
Y el mensaje siempre es el mismo: No estás roto. Estás despertando.
En más de un sentido.
¿Has experimentado despertares matutinos frecuentes? ¿Cómo los interpretas: biológicos, espirituales o una mezcla de ambos? Comparte tu experiencia en los comentarios; me encantaría saber cómo afrontas estas horas tranquilas y poderosas.
