detrás de un cristal, conectado a tubos, con parte del costado rasurado.
Cuando escuchaba mi voz, abría un poco los ojos.
A veces golpeaba una sola vez la cama con la cola.
Nada más.
Y yo salía de allí intentando convencerme de que encontraría una forma.
Había ahorros.
parte2
No suficiente.
Podía vender algunas cosas.
Tampoco alcanzaba.
Pregunté otra vez en la corporación.
Me dijeron lo mismo.
Ayudarían hasta donde permitieran los recursos disponibles, pero no podrían garantizar todo el costo.
No estaba enojado con nadie.
Solo estaba desesperado.
La mañana del tercer día pasó por una pequeña cafetería que quedaba en mi zona habitual de patrullaje.
Llevaba años entrando allí.
Normalmente pide café y algo sencillo antes de comenzar el turno.
La dueña se llamaba Mariana.
Era madre de un niño y casi siempre estaba detrás del mostrador acomodando vasos, limpiando mesas o llevando cuentas.
Nos tratábamos con educación, aunque nunca habíamos hablado demasiado.
