Su perro recibió una bala por salvarlo, pero lo que hizo el pueblo tres días después lo cambió todo.

escondida bajo el pelo corto del costado.

Caminaba despacio.

Dormía muchísimo.

Y roncaba tan fuerte que algunas noches tenía que subir el volumen de la televisión.

Nunca me había parecido tan bonito escuchar un ronquido.

Una mañana decidió llevarme a caminar unas cuadras.

Pecado uniforme.

Sin patrulla.

Solo pantalones de mezclilla, camiseta y la correa en la mano.

Bruno avanzaba despacio, deteniéndose cada pocos metros para olfatear algo.

Terminamos frente a la cafetería.

Cuando abrí la puerta, varias personas voltearon.

Durante un segundo nadie dijo nada.

Luego alguien empezó a aplaudir.

Otra persona se unió.

Después otra.

Bruno no entendía nada.

Movió la cola y fue directamente hacia Mariana.

Ella se agachó.

Bruno apoyó el hocico en su mano.

Mariana tenía los ojos húmedos.

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