Siete señales silenciosas de un posible fallo renal que suelen pasar desapercibidas

Séptima señal: falta de aire y presión en el pecho
Esta suele ser la señal más alarmante y también la más tardía. Conecta dos sistemas que están mucho más relacionados de lo que se suele pensar: el corazón y el riñón. Cuando el riñón retiene líquido en exceso, ese volumen adicional de sangre exige un esfuerzo mayor al corazón. En algunos casos, ese líquido puede acumularse también alrededor de los pulmones, dificultando la respiración incluso en reposo.

Es la señal que con más frecuencia motiva finalmente una consulta médica, y por eso mismo suele aparecer cuando ya se han acumulado varios de los avisos anteriores sin que nadie los conectara entre sí.

La importancia del patrón, no de la señal aislada
Ninguna de estas siete señales por separado significa automáticamente que exista un problema renal. El cansancio puede tener múltiples orígenes. La hinchazón de tobillos es muy común y casi siempre benigna. La picazón cuenta con decenas de causas dermatológicas habituales. Lo verdaderamente relevante no es una señal aislada, sino el patrón: cuando varias de estas manifestaciones aparecen juntas, se mantienen en el tiempo y no tienen una explicación clara vinculada al estilo de vida.

La única forma real de saber cómo están los riñones
La certeza sobre el estado de la función renal no proviene de los síntomas, sino de un análisis de sangre y de orina. Se trata de una prueba sencilla y accesible que puede solicitarse al médico de cabecera, y que mide dos valores clave: la creatinina en sangre y la presencia de proteínas en la orina.

Determinados grupos deberían prestar especial atención y considerar realizarse una analítica incluso sintiéndose bien:

Personas con hipertensión o diabetes, las dos causas principales de enfermedad renal en el mundo.
Personas con antecedentes familiares de enfermedad renal, dado que existe un componente genético real.
Personas mayores de 60 años, ya que la función renal disminuye de forma natural con la edad.
Cualquiera que consuma habitualmente medicamentos que puedan afectar al riñón, como ciertos analgésicos.
Para todos ellos, una analítica anual constituye una de las medidas preventivas más económicas y eficaces disponibles en la medicina.

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