Siete señales silenciosas de un posible fallo renal que suelen pasar desapercibidas

Primera señal: cansancio sin explicación
No se trata del agotamiento común tras una jornada intensa o una mala noche de sueño. Se trata de una fatiga persistente, una falta de energía para tareas cotidianas que se mantiene incluso después de haber descansado adecuadamente. La conexión con los riñones es poco conocida: estos órganos producen una hormona llamada eritropoyetina, que ordena a la médula ósea fabricar glóbulos rojos, las células responsables de transportar el oxígeno por todo el organismo.

Cuando la función renal se deteriora, la producción de esta hormona disminuye. Se fabrican menos glóbulos rojos y aparece lo que la medicina denomina anemia de causa renal. El resultado es un cansancio profundo que no mejora con el descanso, porque el problema no está en el sueño sino en que la sangre transporta menos oxígeno del necesario.

Segunda señal: picazón persistente sin erupción visible
Cuando el riñón pierde eficacia para filtrar, ciertos desechos que normalmente se eliminan por la orina se acumulan en la sangre. Algunos de esos productos terminan depositándose en la piel, irritando las terminaciones nerviosas y provocando un picor generalizado, muchas veces más intenso durante la noche.

La mayoría de las personas prueba cremas hidratantes, cambia de jabón o culpa al clima frío sin sospechar que ese picor sin sarpullido puede tener origen interno. No toda picazón indica un problema renal, pero cuando es persistente, generalizada y no responde a los cuidados habituales de la piel, merece atención.

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