En 2013, aproximadamente tres años después de que el caso se hiciera conocido internacionalmente, Ardi comenzó un proceso de rehabilitación acompañado por el psicólogo infantil Seto Mulyadi. El objetivo no consistía únicamente en eliminar el cigarrillo, sino también en ayudarlo a desarrollar nuevas conductas y afrontar las consecuencias psicológicas asociadas con el abandono de una dependencia que había comenzado durante sus primeros años de vida.
Sin embargo, la recuperación trajo consigo otro desafío. Al dejar el tabaco, Ardi comenzó a canalizar parte de la ansiedad y la necesidad de reemplazar aquella conducta a través de la comida. Con el tiempo, esto provocó un importante aumento de peso durante su infancia. Cuando tenía cinco años, algunos reportes señalaban que había alcanzado los 24 kilos, una cifra elevada para su edad y estatura.
La alimentación se convirtió entonces en uno de los principales aspectos que la familia debía controlar. El problema dejó de estar relacionado únicamente con el tabaquismo infantil y pasó a involucrar también la necesidad de construir hábitos saludables. La llegada a la escuela marcó posteriormente otro punto de inflexión, ya que Ardi comenzó a modificar sus costumbres alimentarias y a reducir progresivamente las cantidades que consumía.
Con el paso de los años, el cambio fue cada vez más evidente. El niño que había sido conocido internacionalmente por fumar decenas de cigarrillos diarios consiguió mantenerse alejado del tabaco y comenzó a llevar una alimentación más equilibrada. Reportes posteriores señalaron que incorporó principalmente pescado y verduras dentro de su dieta, con el objetivo de alcanzar un peso adecuado y mantener una vida más saludable.
La transformación de Ardi también modificó la manera en que se contaba su historia. Ya no se trataba únicamente del niño que había protagonizado uno de los casos más sorprendentes de tabaquismo infantil, sino de un joven que había conseguido superar una dependencia y aprender a manejar las consecuencias que dejó aquella etapa.
Durante su adolescencia, Ardi comenzó además a ofrecer entrevistas para hablar sobre su experiencia. Su historia pasó a utilizarse como ejemplo de las dificultades que pueden existir cuando una adicción comienza durante la infancia, pero también como una muestra de que la recuperación es posible cuando existe acompañamiento profesional y apoyo familiar.
En 2026, los reportes más recientes describen a Ardi como un joven de 18 años que continúa alejado del cigarrillo. Algunas publicaciones recientes incluso destacan que actualmente comparte su experiencia para advertir sobre los riesgos del consumo temprano de tabaco y promover hábitos más saludables.
Su historia también permite entender que la recuperación de una dependencia no siempre ocurre de manera inmediata ni sigue un camino sencillo. En su caso, abandonar el cigarrillo fue apenas el primer paso. Después tuvo que afrontar cambios relacionados con la alimentación y el peso antes de conseguir establecer una rutina diferente.
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