Mientras estaba de pie al borde de una carretera desierta con dos niños hambrientos, un sedán negro de un multimillonario se detuvo frente a mí.

Una segunda oportunidad.

Una familia.

Y es la prueba de que, a veces, cuando la vida parece empeñada en dejarte tirado al borde del camino, el futuro llega disfrazado de sedán negro y de un hombre dispuesto a detenerse.