a mi hija defender a ese hombre.
Primero fueron pequeñas cosas.
Un préstamo.
Una cuenta que él no podía cubrir.
Una compra que supuestamente sería temporal.
Después aparecieron deudas más grandes.
Daniela siempre encontró una razón.
Siempre decía que David estaba atravesando una mala racha.
Siempre prometía que sería la última vez.
Yo ayudé algunas veces.
No porque confiara en él.
Porque confiaba en ella.
Ahí estaba mi error.
Había confundido ayudar a mi hija con rescatar cada decisión que ella tomaba por amor.
Cuando me llamó ese mismo día, su voz sonaba distinta.
No era la Daniela que me había esperado frente a la puerta.
Era mi hija.
La mujer que había conocido desde antes de que pudiera caminar.
-Mamá.
—Habla.
—Yo no sabía que él había usado ese papel.
—¿Qué pensabas que habías firmado?
Hubo una pausa.
—Pensé que era una autorización para resolver la deuda.
-Estafa
