frase que había tenido en la cabeza desde aquella primera noche.
Daniela creyó que había vendido una casa.
Pero lo que había hecho era abrir una tumba.
Durante unos días pensé que dentro estaba enterrada mi vida entera.
Después comprendí que no.
Lo que había quedado enterrado era una versión de nuestra familia en la que yo siempre tuve que salvar a todos.
Esa versión sí terminó aquella noche.
La llave seguía sobre la mesa.
La casa seguía en pie.
Y por primera vez en muchos años, yo también estaba decidiendo quién podía cruzar mi puerta.
