“¿Sí?”
“¿Vas a dejarlo?”
La miré.
“Sí.”
Volvió a llorar.
“Lo siento.”
Me incliné hacia adelante y la rodeé con mis brazos.
“No. Nunca te disculpes por decirme la verdad.”
Se aferró a mí.
“¿Sí?”
“¿Vas a dejarlo?”
La miré.
“Sí.”
Volvió a llorar.
“Lo siento.”
Me incliné hacia adelante y la rodeé con mis brazos.
“No. Nunca te disculpes por decirme la verdad.”
Se aferró a mí.