“Lo digo en serio. No quiero favores. No quiero que nadie se eche atrás por miedo a quién eres.”
Lo entendió inmediatamente.
“Quieres que el disco se sostenga por sí mismo.”
“Sí.”
Acercó la silla y se sentó.
“Entonces eso es lo que hacemos.”
A media mañana llegaron los primeros resultados médicos.
Las cápsulas que Julian me había dado no eran vitaminas prenatales.
Tenía en mi organismo una sustancia sedante que no formaba parte de la atención prenatal que me habían recetado.
El hallazgo exacto me importaba menos que un simple hecho.
No me había imaginado la hora perdida.
Alguien me había puesto en un estado en el que podían moverme sin que yo entendiera lo que estaba pasando.
Y Julian había sido la última persona que recordaba que me había dado algo antes de perder el conocimiento.
Cuando los investigadores le preguntaron sobre las cápsulas, su versión de los hechos cambió.
Dijo que los había sacado de mi bolso.
Luego dijo que Victoria se los había entregado.
