Su rostro cambió.
“No grabé esa llamada. No estaba preparado para ello.”
Coloqué mi teléfono sobre la mesa.
“Pero me diste seis días después.”
Fue entonces cuando el pánico se reflejó de verdad en sus ojos.
Seis días de mensajes.
Ingresos.
Patrones.
Noches largas.
Cosas a las que él creía que yo no prestaba atención.
—No voy a mostrarlo todo aquí —dije—. Algunas cosas deben estar en manos de mi abogado.
—¿Mi abogado? —repitió Elon.
“Sí.”
Lo miré directamente.
“Retuve uno hace varios días.”
Nadie habló.
“Esa es la sorpresa de aniversario.”
Eché un vistazo a la mesa, que estaba bellamente puesta.
“Esta cena es solo el envoltorio.”
Entonces levanté mi copa.
“Así que aquí está mi verdadero brindis.”
Mi voz era firme.
“A la verdad.”
Elon me miró fijamente.
