Un objeto pequeño con un peso enorme
La madre Caridad sostuvo la tira de cinta médica bajo la luz de la lámpara del escritorio y la giró lentamente entre sus dedos. No tenía nada de particular: apenas medía lo que el primer nudillo de su pulgar y uno de sus bordes estaba doblado, como si alguien la hubiera desprendido de su piel con prisa. Sin embargo, su leve olor medicinal despertó en ella una imagen que no logró situar de inmediato.
Por un instante volvió a ver una habitación blanca, una bandeja metálica y la voz serena de la doctora Paloma explicando algo, mientras la lluvia repicaba contra los ventanales de la enfermería. La escena era tan nítida que la superiora tuvo que apoyar la mano sobre la madera del escritorio para asegurarse de que aún se encontraba en su despacho.
Con cuidado, colocó la cinta sobre un pañuelo limpio y extendió la mano hacia el teléfono. Pero se detuvo antes de levantar el auricular.
