Los adultos jóvenes también pueden ser más propensos a suponer que simplemente pueden “superar” una enfermedad.
La juventud sin duda puede ser una ventaja en muchas situaciones de salud, pero no ofrece protección absoluta contra infecciones graves o complicaciones inesperadas.
Pueden presentarse enfermedades graves en personas que anteriormente parecían sanas.
Eso no significa que los jóvenes deban asustarse cada vez que contraen un resfriado o una infección de garganta. Significa que la edad nunca debe ser la única razón para ignorar las señales de alerta importantes.
Un joven de 22 años que no puede respirar con normalidad necesita ayuda urgente, al igual que una persona mayor.
Un adulto joven que se confunde o se debilita gravemente durante una infección aún necesita ser evaluado.
Los síntomas, en particular su gravedad y progresión, son importantes.
Presta atención a la dirección de la enfermedad.
Una de las maneras más sencillas de pensar en una enfermedad cotidiana es preguntarse: ¿Hacia dónde se dirige?
Es posible que la persona aún sienta molestias durante su recuperación gradual. Puede que le siga doliendo la garganta, pero la fiebre está disminuyendo. Puede que todavía se sienta cansada, pero puede beber con normalidad y está empezando a recuperar el apetito.
Eso es muy diferente a una persona cuyos síntomas están empeorando.
Quizás el dolor se está volviendo mucho más intenso.
Quizás tragar agua se ha vuelto repentinamente difícil.
Quizás la fiebre esté empeorando en lugar de mejorar.
Quizás la respiración suena diferente.
Quizás la persona tenga un aspecto mucho más enfermo que hace unas horas.
Esas tendencias importan.
El cuerpo no siempre proporciona una señal perfectamente clara que diga: “Esto es una emergencia”. En cambio, puede presentar una serie de cambios.
Reconocer esos cambios es una de las razones por las que resulta útil monitorizar los síntomas.
Los medicamentos de venta libre tienen límites.
Otra lección importante tiene que ver con el papel del autocuidado.
Para un dolor de garganta leve, algunas medidas sencillas pueden ayudar a aliviar las molestias. Descansar, beber suficiente líquido y tomar medicamentos sin receta pueden hacer que muchas personas se sientan mejor mientras se resuelve la enfermedad subyacente.
Pero aliviar los síntomas no es lo mismo que tratar todas las posibles causas.
Los analgésicos pueden reducir el dolor de garganta.
Los medicamentos para la fiebre pueden bajar la temperatura temporalmente.
Ninguno de estos efectos garantiza que haya desaparecido un problema subyacente potencialmente grave.
Por eso, la gente debería evitar utilizar el alivio temporal como único indicador de si una enfermedad está mejorando.
El cuadro clínico general sigue siendo importante.
De igual manera, no se deben usar antibióticos a la ligera ni tomarlos simplemente porque alguien tenga dolor de garganta. Muchos dolores de garganta son de origen viral, y los antibióticos no tratan las infecciones virales. Cuando se sospecha una infección bacteriana, los profesionales de la salud pueden determinar si es apropiado realizar pruebas o administrar antibióticos.
Saber cuándo buscar ayuda
No es realista ni necesario tratar cada dolor de garganta como una emergencia.
En cambio, el objetivo es reconocer la diferencia entre las molestias rutinarias y los cambios potencialmente peligrosos.
Un leve dolor de garganta que acompaña a los síntomas típicos del resfriado y que mejora gradualmente es muy diferente de uno asociado con dificultad para respirar, incapacidad para tragar, deterioro grave o confusión.
Las personas deben buscar atención médica urgente si presentan problemas respiratorios graves u otros síntomas severos.
