La maestra la felicita y le pide que también tome asiento. Hasta aquí, todo parece marchar según lo esperado: padres con profesiones prestigiosas y autos de gama alta. Pero entonces llega el turno del pequeño Gigel, y la dinámica cambia por completo.
El giro inesperado del chiste
—Gigel, ¿qué auto tiene tu papá? —pregunta la maestra.
El niño, con total naturalidad, responde:
—Un Logan.
Ante esta respuesta, la maestra reacciona de inmediato y, con un tono un tanto severo, le ordena:
—¡Pasa al frente, al pizarrón!
Gigel obedece y camina hasta el frente del aula, sin comprender del todo por qué su respuesta merece semejante castigo. Fue allí donde la maestra, ya con el niño frente a todos sus compañeros, le hizo una segunda pregunta con curiosidad:
—Oye, ¿y qué es tu papá?
El pequeño, sin sospechar el efecto que tendrían sus palabras, contesta con toda tranquilidad:
—Es fiscal.
La reacción de la maestra fue instantánea. Cambiando por completo de actitud, exclama:
—¡Diez! Vuelve a tu banco.
