Yo era invisible para ella…

Al fondo, había un cartel:

Lectura de poesía — Elise Carón

Me quedé en shock.

— ¿Vas a leer en público?

Asintió, nerviosa pero decidida.

— Ya no quiero esconder esa parte de mí. Tú me diste el valor.

Leyó sus poemas. Y eran hermosos. Hablaban de soledad, de muros, de miedo y de un amor que devuelve la vida.

Vi a Elise renacer allí.

Y yo también renací, porque ya no era el asistente invisible.

Era alguien que importaba.

Final

Dos años después de la fiesta, la empresa organizó otro evento en el mismo lugar.

Esta vez entramos de la mano, sin secretos.

De regreso a casa, en la puerta de nuestro apartamento, Elise se detuvo y me miró con seriedad.

— Julián… necesito preguntarte algo.

Sacó una pequeña caja del bolsillo. Un anillo sencillo.

— Sé que, tradicionalmente, es el hombre quien hace esto… pero sabes que nunca he sido tradicional.

Abrió la caja, respiró hondo y dijo:

— Julián Lambert… ¿quieres casarte conmigo? No por obligación. Sino porque quiero pasar la vida contigo. Porque eres mi compañero, mi mejor amigo, mi amor… y no puedo imaginar un solo día sin ti.

Lloré y reí al mismo tiempo.

— Sí — respondí. — Sí, mil veces sí.

Nos casamos en una ceremonia pequeña y sincera. Sin lujo, pero con todo lo que importa: amor, familia y honestidad.

Hoy, cuando recuerdo aquella noche —la mujer de hielo tirando de mi brazo y susurrando “finge ser mi novio”— entiendo lo que quería decir con “lo tendrás”.

No era un ascenso.

No era dinero.

Era vida.

Era amor real.

Era la oportunidad de ver a alguien liberarse de su propio miedo… y, al mismo tiempo, la oportunidad de descubrir que yo valía más de lo que creía.

Y cuando Elise me mira en nuestro jardín, leyendo un libro, y sonríe de la forma más verdadera que jamás he visto…

Tengo la certeza:

Tuve. Tengo. Lo tengo todo.

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