Una pobre esposa llegó a la corte con gemelos. ¡La amante perdió los estribos cuando el juez reveló el secreto!

El público no entendió.

Pero los abogados sí.

Los periodistas sí.

Ese apellido… en México, en el mundo empresarial, era una leyenda.

Valeria se quedó inmóvil, con la boca entreabierta.

Santiago se puso pálido.

—¿Román… Valdivia? —susurró, como si el aire se le hubiera ido.

El juez miró a Elena, con respeto y temor.

—¿Señora Salgado… o debo decir… señorita Román Valdivia?

La sala quedó muerta.

Elena sostuvo la barbilla.

—Señorita Román Valdivia —corrigió—. Y mis hijos no son herederos de Salgado Tech… son herederos del Fideicomiso Aurora Valdivia.

El juez apretó los papeles.

—De acuerdo con esto… Salgado Tech es una filial. Y el propietario real es ese fideicomiso.

Santiago se levantó de golpe.

—¡No! ¡Eso es mentira! ¡Ella es una mesera de barrio! ¡Yo vi su casa! ¡Yo—

Adrián ya no lo miraba.

Adrián estaba sudando.

Reconocía el sello notarial. Reconocía las firmas. Reconocía la firma internacional.

 

 

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