—Que el verdadero lujo no es el dinero. Es tener a alguien que te espere en casa… aunque no tengas nada.
Esa noche, Laura volvió a su penthouse. Por primera vez, el mármol le pareció frío. Vacío.
Al día siguiente, Carlos llegó a la oficina con los niños, porque Laura así lo había pedido.
—Aquí nadie tiene que esconder su vida —dijo ella frente a todo el equipo—. Aquí venimos completos.
Meses después, Sofi entró a clases de dibujo patrocinadas por la fundación de la empresa. Carlos se convirtió en coordinador de mantenimiento con horario humano. Y Laura…
Laura empezó a llegar a casa más temprano.
A veces, los descubrimientos más importantes no están en contratos ni en cifras.
A veces, están detrás de una puerta humilde, esperando a que alguien tenga el valor de tocar… y mirar de verdad.

