Ahora no tenía otra opción.
Capítulo cinco
La recaudación de fondos comenzó antes de que ella llegara al hospital.
Las imágenes de Marcus agarrando sus manos congeladas se difundieron por todas partes.
Las donaciones llegaron a raudales.
Desconocidos. Veteranos. Adiestradores de perros.
Cuando Marcus visitó la ciudad días después, Titán caminaba a su lado.
“El parque de casas rodantes está bajo revisión”, le dijo Marcus. “Y la oficina de Hargrove también”.
—Simplemente no quería que se congelaran —dijo en voz baja.
—Exactamente —respondió.
Luego llegó otra sorpresa.
Titan se retiraba.
