La desesperación de una hija
Con tan solo veintidós años, Emma Collins tenía más peso que la mayoría de las personas que le doblaban la edad. Entre clases universitarias a tiempo completo, dos trabajos a tiempo parcial y unas prácticas no remuneradas, sus días se convertían en un agotamiento. Pero ni los estudios nocturnos ni los turnos dobles podían cubrir lo que más importaba: las facturas del hospital de su madre.
Su madre, Margaret , padecía una grave enfermedad cardíaca, y solo la cirugía costaría decenas de miles de dólares. Ninguna beca ni trabajo de niñera podía cubrir esa cantidad. La deuda era abrumadora, y Emma sentía que se le resbalaba el suelo.
La elección que nunca pensó que enfrentaría
Una tormentosa noche de jueves en Manhattan, la desesperación finalmente empujó a Emma a un lugar que nunca pensó que llegaría. Su jefe en el prestigioso bufete de abogados donde hacía prácticas era Daniel Hayes , un abogado multimillonario conocido por sus trajes impecables, su fría brillantez y su influencia que se extendía por toda la ciudad.
Emma había pasado seis meses tranquilos sirviendo café y archivando papeles a su sombra. Pero esa noche, con manos temblorosas y la voz entrecortada, entró en su oficina.
—Señor Hayes —susurró, conteniendo las lágrimas—. Mi madre no sobrevivirá sin esta operación. Lo he intentado todo. Por favor... Necesito su ayuda.
Los penetrantes ojos grises de Daniel la sostuvieron. Estaba acostumbrado a que la gente le preguntara, pero algo en la cruda súplica de Emma lo atravesó. Tras un largo silencio, le hizo la pregunta que ella más temía:
—¿Y qué está dispuesta a dar a cambio, señorita Collins?
Las palabras la desgarraron. Pasó la noche debatiéndose con la decisión. Finalmente, con la vida de su madre en juego, tomó la decisión. Una noche. Un sacrificio.
