Un padre y su hija desaparecieron en los Pirineos; cinco años después, unos excursionistas descubren lo que estaba oculto en lo profundo de una grieta de la montaña.

A medida que aumentaba la presión, la búsqueda se amplió. Y entonces surgió una novedad: una cuerda moderna, recién colocada, que no pertenecía a ninguno de los involucrados: ni a las víctimas ni a los equipos de rescate.

“Había alguien más aquí”, dijo Morel, mirando fijamente la piedra silenciosa.

La montaña no respondió.

Pero al día siguiente, finalmente algo sucedió.

El tercer día resultó crucial. Muy por encima de la cueva, en un empinado pasaje vertical, los investigadores encontraron huellas tenues, recientes. Demasiado recientes para pertenecer a alguien de cinco años atrás. Y demasiado tenues para ser de un adulto.

Unas horas después, enterrado bajo piedras sueltas, descubrieron un pequeño colgante en forma de estrella. El favorito de Clara. El que nunca se quitaba.

Luego vino el descubrimiento que silenció toda la cordillera.

En una repisa, oculto por la maleza seca, yacía un botiquín metálico de primeros auxilios, oxidado, pero colocado a propósito. Dentro había vendas, restos de medicamentos... y una nota cuidadosamente doblada y sellada en plástico.

Morel lo abrió. La letra temblorosa era inconfundiblemente la de Julián:

Si alguien encuentra esto, ayúdenla. No fue su culpa. Él regresó, pero no era el mismo. No pudimos bajar. Intentamos llamar. Si Clara está viva... por favor, cuídenla.

“Él regresó.”

¿OMS?

La familia sacó su propia conclusión. Antes de la desaparición, Julián se había enfrentado con un antiguo compañero de expedición, Aitor, quien lo había acusado públicamente de robar un proyecto fotográfico conjunto. Su ruptura había sido amarga y pública.

Los investigadores descubrieron que Aitor había estado en los Pirineos la misma semana en que Julián desapareció, algo que nunca reveló.

Mientras tanto, los equipos descubrieron una salida estrecha en el extremo superior de la grieta, que conducía a una zona boscosa remota. Oculto bajo las hojas, encontraron un viejo y tosco campamento: una fogata, un cuchillo oxidado y envoltorios de comida esparcidos.

Y entre ellos, el hallazgo más desgarrador hasta la fecha: un zapato pequeño. De Clara. Junto con retazos de su ropa.

Pero no hay huesos.

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