En las semanas siguientes, Daniel intentó reconectar. Llevó a Marcos a su empresa, le compró libros y lo llevó a los partidos del Real Madrid. Con Anna, fue más difícil; temía que la historia se repitiera. Pero Daniel insistió en que había cambiado.
«He aprendido lo que realmente importa», dijo. «No es el dinero».
Sin embargo, su felicidad se puso a prueba cuando Laura, la exesposa de Daniel, los confrontó. Amenazó a Anna e intentó sabotear la carrera de Daniel. En cuestión de días, la fortuna de Daniel estaba casi agotada.
Anna lo encontró en su oficina vacía.
—No te dejaré —dijo—. Ya cometimos errores antes, pero no otra vez.
Agotado pero esperanzado, Daniel preguntó: “¿Todavía confías en mí?”

—Sí. Porque ahora somos una familia.
Juntos, empezaron de cero y abrieron una pequeña tienda de ropa de segunda mano, la misma que Daniel había desechado. Marcos ayudaba después de la escuela. La tienda prosperó gracias al trabajo duro y la honestidad. Un día, un exsocio agradecido dejó una carta elogiando su integridad.
Daniel recuperó la estabilidad, pero más importante aún, recuperó a su familia. Un año después, caminando con Marcos, sonrió.
“¿Te acuerdas de esa chaqueta?” preguntó Marcos.
Daniel asintió. «Sí. Gracias a ella, te encontré».
Anna se unió a ellos, sonriendo cálidamente.
“Y gracias a ti, Marcos, aprendimos que la honestidad puede cambiar un destino”.
El viento del otoño volvió a soplar, pero esta vez trajo esperanza y la promesa de una nueva vida construida sobre el amor y la verdad.
