Una vida de riqueza pero conexiones vacías
Charles Montgomery vivía en una gran mansión en Beverly Hills. A sus 47 años, había amasado una enorme fortuna mediante audaces inversiones en tecnología y poderosas adquisiciones. En teoría, lo tenía todo: dinero, fama y respeto. Sin embargo, en el fondo, sentía un vacío que ningún lujo podía llenar.
Durante años, salió con mujeres despampanantes y exitosas. Pero siempre faltaba algo. Sus ojos a menudo se iluminaban más al ver su riqueza que al verlo a él. Frustrado y anhelando algo real, Charles decidió probar un experimento inusual.
El plan

Tras llamar a su asistente, Laura, Charles dio instrucciones claras:
«Entreguenles a estas cuatro mujeres las tarjetas de crédito negras que les di. Gastos ilimitados. La única regla: solo pueden comprarse cosas. Quiero ver quién entiende realmente lo que significa la riqueza».
Entre las cuatro mujeres había tres con las que había estado saliendo: Erica, una abogada astuta; Olivia, una actriz glamurosa; Megan, una empresaria ambiciosa. Y la cuarta era Laura, su criada, quien había trabajado fielmente en su casa durante más de cinco años.
Charles presentía que ya sabía qué elegirían los tres primeros. ¿Pero Laura? Tranquila, humilde, firme: ella era quien más lo intrigaba.
