Finalmente encontrando de nuevo la sensación de hogar
Unos meses después, sentada en su acogedora cocina, esta madre se dio cuenta de lo mucho que había avanzado. La casa no era solo un techo: se había convertido en un lugar de risas, proyectos, tardes acogedoras y, sobre todo, una renovada serenidad.
Una nueva vida había comenzado… y ella ya no estaba sola.
Al final, a veces basta un gesto inesperado para recordarnos que la solidaridad puede cambiar todo un horizonte, dejando una huella duradera y un rayo de esperanza para quienes la necesitan.
