Un marido, después de pasar 17 años de matrimonio con Inna, decidió dejarla por una joven estudiante, pero no esperaba que su esposa le diera una despedida.

Sólo con fines ilustrativos

—Bueno, supongo que este es un momento muy especial —empezó a abrir la botella—. ¿Sabes? Propongo una cena de despedida. Invita a tus amigos, a tus familiares. Al fin y al cabo, diecisiete años no es ninguna broma.

Alexey sorprendentemente dijo:

“¿Tú… quieres hacer una fiesta por nuestro divorcio?”

"¿Por qué no?", sonrió Inna. "Despedimos nuestra vida juntos con estilo. Después de todo, soy una mujer inteligente, ¿recuerdas?"

Comenzó a enviar mensajes a familiares y amigos.

Mañana a las siete de la tarde. Prepararé tus platos favoritos. Considéralo mi regalo de despedida.

Alexey se quedó allí, sin saber qué decir. Había previsto lágrimas, nerviosismo, reproches; cualquier cosa menos esta tranquila aceptación.

Y sí, dile a Natasha que ella también está invitada. Quiero conocer a la chica que logró lo que yo no pude durante todos estos años: encender una nueva chispa en ti.

El día siguiente empezó terriblemente temprano para Inna.

Llamó a los bancos con cuidado, se reunió con un abogado y preparó la documentación. Todo estaba preparado.

Al anochecer, su espacioso apartamento se llenó del aroma de exquisitos platos. Inna puso la mesa, organizando la vajilla más exquisita: un regalo de bodas de su suegra.

“Todo debe ser perfecto”, murmuró.

Sólo con fines ilustrativos

Su madre, Vera Pavlovna, agarró torpemente a su nuera:

—Innochka, ¿quizás todavía haya una oportunidad de cambiarlo todo?

—No, mamá. A veces hay que tomar la decisión correcta y dejarse llevar.

Poco a poco, sus amigos comenzaron a llegar.

—Pasen, tomen asiento —les indicó Inna a la cabecera de la mesa—. Esta noche, ustedes son los protagonistas de la velada.

Una vez que todos estuvieron sentados, Inna se puso de pie, sosteniendo un vaso:

¡Queridos amigos! Hoy es un día especial. Nos reunimos aquí para celebrar el final de una historia y el comienzo de otra.

Ella se volvió hacia Alexey:

Lesha, quiero agradecerte por los diecisiete años que pasamos juntas. Por todos los altibajos, las alegrías y las tristezas que compartimos. Me enseñaste muchas cosas. Por ejemplo, que el amor puede ser muy diferente.

Un susurro incómodo recorrió la habitación. Natasha jugaba con una servilleta, evitando el contacto visual.

—Y también me enseñaste a estar atenta a los detalles —continuó Inna—. Sobre todo a los financieros.

Ella comenzó a disponer los documentos:

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