Un hombre de 75 años pedía 14 garrafones de agua todos los días. El repartidor empezó a sospechar y llamó a la policía. Cuando la puerta se abrió, todos quedaron sin palabras…

Mi nombre es Raúl. Trabajo en una pequeña agencia de suministro de agua en un barrio tranquilo de Ciudad de México. Es un trabajo duro, pero con él puedo ganarme la vida.

Entre mis clientes había un hombre de 75 años que dejó una huella profunda en mi vida.

Todos los días pedía 14 garrafones de agua de 20 litros, sin faltar ni un solo día.

La primera vez que vi el pedido pensé que tal vez tenía un pequeño restaurante o que compraba agua para los vecinos.

Pero cuando llegué a su casa, vi que vivía solo en una casa vieja y sencilla al final de una calle solitaria.

Lo extraño era que nunca me dejaba entrar.
Solo abría la puerta un poco, me entregaba el dinero en un sobre y me hacía una señal para que dejara los garrafones afuera.

Yo colocaba los 14 garrafones junto a la puerta y me retiraba.
Desde dentro de la casa no se escuchaba ningún ruido.

Siempre me quedaba la duda:
¿cómo podía una sola persona usar tanta agua cada día?

Después de dos semanas, mis sospechas crecieron.
Normalmente, incluso una familia grande usa solo uno o dos garrafones por semana,
y este hombre consumía catorce diarios.

Un día reuní el valor y le pregunté suavemente:

— Señor, ¿por qué necesita tanta agua todos los días?

Solo sonrió levemente.
No dijo nada.
Y cerró la puerta en silencio.

Aquella sonrisa misteriosa me dejó inquieto.

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