
La cena terminó en silencio antes de empezar. Maxwell se negó a que Lena sirviera nada y, en cambio, se sentó con ella en la sala.
"No sabía que Elara tenía una hija", dijo. "Pero ahora que la sé, quiero formar parte de tu vida. Eres de la familia".
Lena se tapó la boca, abrumada.
«Siempre me pregunté por qué mamá nunca hablaba de su infancia».
"Quería que crecieras sano y salvo", dijo Maxwell con dulzura. "Y lo logró, al menos hasta que la edad adulta trajo consigo sus propios desafíos".
Darius se acercó a ellos con el remordimiento grabado en el rostro.
«Lena... Lo siento. Debí haber parado todo en cuanto me contaste lo de tu madre. No me di cuenta de lo mucho que me necesitabas».
Lena asintió, agotada.
"Solo... no quería ser una carga".
"Nunca lo eres", susurró.
UN NUEVO COMIENZO
Mientras Maxwell se preparaba para irse, se detuvo en la puerta y habló en voz baja:
Mañana podremos hablar de tu madre, de su pasado y de lo que dejó atrás. Pero esta noche, Lena... descansa. Ya no estás sola.
Después de irse, el apartamento se sentía diferente: todavía pesado por la tristeza, pero ya no sofocante.
Lena caminó hacia la ventana y miró las luces de la ciudad.
“Por primera vez”, murmuró, “siento que mi vida finalmente se abre”.
Darius se acercó a ella.
«Vamos paso a paso. Juntos».
Lena cerró los ojos y se dejó respirar.
Algunas pérdidas te destrozan. Otras abren la puerta a un nuevo capítulo.
Para Lena, esta noche fue ambas cosas.
Y en la tranquilidad de su sala de estar, hizo una promesa suave y firme:
“Voy a recuperar mi vida… y elegiré mi propio camino”.
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