Una boda sencilla, dulce y emotiva.

Eligieron darse el "sí, quiero" en el jardín de nuestra casa familiar, bajo el gran mango que había sido testigo de tantos recuerdos. Nada ostentoso: solo seres queridos, risas, algunas lágrimas y un pollo asado, como mandaba la tradición.
Elise , con su vestido rosa empolvado, tenía una mirada llena de serena ternura. Mi padre, en cambio, parecía un novio joven y algo tímido, con las mejillas sonrojadas de felicidad.
La noche en que todo cambió… o casi
Después de la fiesta, todos se fueron a la cama, cansados pero felices.
Alrededor de la medianoche, un grito agudo rompió el silencio de la casa. De esos gritos que te hacen saltar de la cama antes de siquiera pensar.
Mi hermana y yo corrimos a la habitación de nuestros padres, convencidas de que había sido un accidente. Tras la puerta, la voz temblorosa de Elise repetía: "¡No! ¡Espera!".
Con el corazón latiendo con fuerza, abrí la puerta con un gesto instintivo.
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