Estuvieron ahí para nosotros durante nuestras visitas al hospital. Durante las ceremonias de graduación y los momentos más difíciles. Durante las risas en las tiendas y en las tardes solitarias pero gratificantes.
Y ahora… se han ido.
Un legado que nunca se desvanece.
¿Qué convierte a alguien en leyenda?
Esto no son premios.
Esto no son legados.
No se trata de la grandeza de una viuda.
Es un relato de la creación.
Esta leyenda poseía un don inmenso.
Tenían una forma de hablar, actuar e incluso expresarse que te hacía sentir comprendido. Era como si cruzaran una pantalla, un escenario o una página y dijeran: «Te entiendo».
Y siempre se siente posible. Real. Humano.
En un mundo de necesidades y apariencias, necesitas algo que podrías haber esperado.
Por eso esta pérdida se siente tan personal.
Cuando aparece este tipo de noticias, la reacción cambia; la reacción inicial es de incredulidad.
“No… eso es terrible.”
Actualizas la página.
Consulte otra fuente.
Esperamos que haya sido un error.
Pero entonces empezaron a llegar las confirmaciones. Empiezas a esperar. Empiezan a tomar medidas. Los recuerdos inundan las redes sociales.
