Cuando el amanecer comenzó a filtrarse por las cortinas, supe que teníamos que seguir moviéndonos. Querétaro estaba a solo unas horas de distancia y con él la posibilidad de terminar esto de una vez por todas. Pero mientras veía a Natalia dormir en mis brazos, su rostro pacífico por primera vez desde que la conocí, una parte de mí deseaba que el tiempo se detuviera. Deseaba que pudiéramos quedarnos en esa habitación de motel para siempre, escondidos del mundo y sus crueldades.
Sin embargo, sabía que eso era imposible. Ramón no descansaría hasta encontrarnos y Natalia no tendría paz hasta que la verdad saliera a la luz. Así que cuando ella despertó, nos preparamos en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Listo, preguntó Natalia con la mochila en mano. Listo, respondí tomando su mano. Pero lo que ninguno de los dos sabía era que mientras dormíamos, Ramón había hecho su movimiento y cuando llegáramos a Querétaro nos estaría esperando. La carretera a Querétaro era recta y monótona, bordeada por campos agrícolas que se extendían hasta el horizonte.
El sol de la mañana era implacable y el aire acondicionado del Kenworth luchaba por mantener la cabina fresca. Natalia estaba inusualmente callada, mirando por la ventana con expresión pensativa. Yo respetaba su silencio, sabiendo que probablemente estaba procesando todo lo que había pasado entre nosotros la noche anterior. Arrepentida, pregunté finalmente sin poder contenerme. Ella me miró con sorpresa. ¿De qué? De anoche, de nosotros. Natalia sonrió y fue una sonrisa genuina que iluminó su rostro. No, para nada. ¿Y tú?
Jamás, respondí con convicción. Ella extendió su mano y la puse sobre mi muslo, un gesto simple, pero íntimo que me hizo sentir conectado a ella de una forma que iba más allá de lo físico. “Cuando lleguemos a Querétaro,” dijo, después de un rato, “vamos a encontrarnos con Héctor Ruiz. Es el periodista del que te hablé. Él ha estado investigando a Ramón durante años, pero nunca ha tenido pruebas suficientes. Con lo que tenemos en esa memoria, USB, finalmente podrá publicar la historia y después iremos a la Ciudad de México, entregaremos copias de todo a la Fiscalía Federal y entonces se detuvo mordiéndose el labio.
Y entonces, ¿qué? presioné. Entonces tendré que decidir si uso el dinero para el tratamiento o si lo devuelvo como parte de la evidencia. Natalia, ese dinero es tuyo por derecho. Era la herencia de Javier. Lo sé, pero si lo uso, Ramón podría argumentar que yo también soy una ladrona. Podría complicar el caso. Al con el caso. Dije con más vehemencia de la que pretendía. Tu vida es más importante. Ella me miró con lágrimas en los ojos. ¿De verdad lo crees?
Por supuesto que sí, Natalia. Sin ti esas pruebas no significan nada. Tú eres la testigo clave. Necesitas estar viva para testificar, para asegurarte de que Ramón pague. Era una racionalización y ambos lo sabíamos, pero era la racionalización que necesitábamos para justificar lo que ambos queríamos, que ella luchara por su vida. Está bien, dijo. Finalmente, usaré el dinero, pero solo después de asegurarme de que Ramón esté tras las rejas. Trato hecho. Pasamos un letrero que indicaba Querétaro, 50 km.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
