La vida tenía un sentido del humor retorcido. Cuando Natalia salió del baño, llevaba solo una toalla envuelta alrededor de su cuerpo. Su cabello mojado caía sobre sus hombros y sin maquillaje se veía más joven, más vulnerable, pero también más hermosa. “Tu turno”, dijo con voz suave. “Me duché rápidamente, dejando que el agua caliente lavara el polvo y el miedo del día. Cuando salí, Natalia estaba sentada en la cama, vestida con una camiseta que había comprado en la gasolinera.
Se veía pequeña, frágil, y algo en mi pecho se apretó. Me senté a su lado y durante un momento ninguno de los dos habló. El silencio era cómodo, íntimo. ¿En qué piensas?, preguntó finalmente. En que hace dos días no te conocía, respondí, y ahora no puedo imaginar mi vida sin ti. Natalia me miró con ojos brillantes. Diego, no digas esas cosas. No hagas esto más difícil de lo que ya es difícil. Natalia. Me importas. Me importas más de lo que debería, más de lo que es sensato, pero no puedo evitarlo.
Soy vieja para ti, dijo de nuevo. Pero esta vez sonaba como una súplica más que como una declaración. No me importa, respondí tomando su rostro entre mis manos. No me importa tu edad. No me importa que estés enferma. No me importa nada, excepto esto. La besé suavemente al principio, luego con más intensidad. Natalia respondió al beso con una desesperación que me tomó por sorpresa. Sus manos se aferraron a mi camisa jalándome más cerca. Cuando nos separamos para respirar, ambos estábamos temblando.
Si hacemos esto susurró contra mis labios, no hay vuelta atrás. No quiero volver atrás, respondí. Lo que pasó después fue inevitable, como dos fuerzas de la naturaleza colisionando. Nos entregamos el uno al otro con una intensidad que rayaba en la desesperación, como si cada caricia, cada beso, cada suspiro fuera el último. Natalia era diferente a cualquier mujer que hubiera conocido. Había una madurez en la forma en que me tocaba, una confianza en su propio cuerpo que las mujeres jóvenes aún no tenían.
Pero también había vulnerabilidad, una necesidad de ser vista, de ser deseada, de sentirse viva. Y yo la hice sentir viva. Durante horas el mundo exterior dejó de existir. No había Ramón, no había persecución, no había enfermedad. Solo éramos nosotros dos perdidos en un momento que ambos sabíamos era robado al tiempo. Cuando finalmente nos quedamos quietos, enredados en las sábanas, con la respiración agitada y los corazones latiendo al unísono, Natalia comenzó a llorar. No eran lágrimas de tristeza, sino de liberación.
“Gracias”, susurró contra mi pecho. “¿Por qué?”, pregunté acariciando su cabello. Por hacerme sentir hermosa, por hacerme sentir deseada, por hacerme olvidar, aunque sea por unas horas, que estoy muriendo. No estás muriendo, dije con fiereza, estás viviendo y vamos a seguir viviendo juntos. Ella me miró con una mezcla de esperanza y escepticismo. ¿De verdad crees que podemos tener un futuro? Sí, mentí. Porque en ese momento mentir era más amable que la verdad. Nos quedamos dormidos así, abrazados, como si soltarnos significara perdernos para siempre.
Pero en algún momento de la madrugada me desperté y encontré a Natalia despierta mirando el techo. “¿No puedes dormir?”, pregunté. Estaba pensando. Dijo suavemente. En todo lo que he perdido, en todo lo que nunca tendré. Pero también estaba pensando en esto, en ti, en cómo algo tan hermoso puede nacer de algo tan terrible. La vida es así, respondí caótica e impredecible. Diego, si algo me pasa, no va a pasar nada, interrumpí. Pero si pasa, insistió, quiero que sepas que estos días contigo han sido los más felices de mi vida en mucho tiempo.
Me hiciste recordar lo que es sentir, lo que es desear, lo que es amar. ¿Me amas?, pregunté sorprendido por mi propia audacia. Natalia me miró durante un largo momento. “Sí”, admitió finalmente. Sé que es una locura. Sé que apenas nos conocemos, pero sí, te amo. Yo también te amo, dije. Y era la verdad más pura que había dicho en mi vida. Nos besamos de nuevo y esta vez fue diferente. No había desesperación, solo ternura. Era un beso que prometía mañanas que tal vez nunca llegarían, pero que en ese momento sentían tan reales como el latido de nuestros corazones.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
