Seis semanas después de que Mason nos empujara a mí y a nuestro bebé recién nacido a una tormenta de nieve, aún escuchaba sus últimas palabras: «Estarás bien. Siempre sobrevives».

El rostro de Sloane se enfrió. "Me dijiste que era 'inestable'", dijo en voz baja. "Me dijiste que el bebé no era tuyo".

Mason buscó una salida por la habitación. «Sloane, escucha...»

Pero Diane levantó otro documento. «Y este», dijo, «es el acuerdo de indemnización firmado que Mason le impuso durante el embarazo, y que contiene una cláusula que conlleva sanciones si cometía una falta contra una empleada».

Mason se puso rígido. "¿Empleado?"

Me enderecé. «Trabajaba para su empresa. En su oficina. Y se aseguró de que lo perdiera todo en cuanto me embaracé».

La mirada de la sala cambió: ya no estaba impresionada ni engañada.

Sloane dio un paso atrás como si Mason ardiera al tocarlo.

Y en ese momento, Mason se dio cuenta de que ya no controlaba la habitación.

Intentó usar la ira como última defensa, alzando la voz lo suficiente para parecer justificado.

—Miente —declaró—. Está aquí para extorsionarme. Está obsesionada.

Sostuve su mirada y luego miré al público. No supliqué. No lloré. Metí la mano en mi abrigo y saqué mi teléfono.

—Grabé la noche en que me dejaste afuera —dije.

El miedo se reflejó en el rostro de Mason. "Eso es ilegal", exclamó.

Diane permaneció imperturbable. "Es admisible en este estado", respondió. "Y ya lo hemos presentado junto con la petición".

La voz de Sloane tembló. "Mason... ¿de verdad hiciste eso?"

No tenía respuesta. Nunca la había necesitado antes; siempre había estado solo.

Un inversor que estaba al frente bajó lentamente su copa. "¿Por eso retrasaron la fecha límite de la fusión?", preguntó. "¿Porque sabían que esto iba a pasar?"

—Esto no es un negocio —espetó Mason.

Pero lo era. Con Mason, todo lo era. Los murmullos cambiaron de tono: ya no eran chismes, sino cálculos. La gente se apartó.

Las manos de Sloane se curvaron. "¿Me dejaste planear esta boda", dijo, "mientras tu hijo dormía en una clínica porque lo arrojaste a una tormenta?"

Mason la agarró de la muñeca. —Sloane...

Ella se soltó. "No me toques".

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